Annie no se esperaba nada de eso, o tal vez sí, pero no en ese momento. Su vida no había sido un camino de rosas y habia aprendido a aceptar las cosas tal y como le venian. Sabia que había que luchar, pero con ciertas cosas, luchar es inútil, así que se resignó y le preguntó :
-¿Te importa si mientras pongo una canción?
A él le parecido tan ridículo que sonrió y Annie se lo tomó como un sí, en el fondo se lo agradecía. No era una canción. Era su canción. Y mientras él realizó su tarea ella se limitó a sumergirse en la canción, nadando. Cada nota era una ola que le mecía de un lado a otro y eso le gustaba. Amaba el mar. Era feliz. Por unos instantes el dolor no existía.
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